Abro el grifo y salen uno a uno mis problemas, calientes, recientes, como el agua. Enciendo unas pocas velas, de esperanza, de vida, de luz. Busco mi ipod, escojo qué musica escuchar, mirando varias veces el menú en busca de la melodía que mi mente necesita. Como en antaño tiro de Maná, del directo último, Arde el Cielo, para recordar tiempos mejores.
Unas pocas sales buscan un buen olor que acompañe, un gel espumoso, y me sumergo poco a poco en mis problemas, en el agua caliente, en busca de soluciones.
Miro a una vela, veo como la luz tintinea, sumergo la cabeza en el agua y escucho la música a través de ésta, escucho las voces del público en el concierto y sonrío recordando aquel maravilloso día, un concierto inolvidable.
Olvido la música que suena y me paro en cada uno de mis problemas, de mis preocupaciones, de todas esas cosas que me impiden conciliar el sueño, que me hacen trasnochar y pasarme el día cansada, que me quitan el apetito o por el contrario me producen ansiedad que libero comiendo mucho más de lo normal.
Acaricio mis rodillas y busco abrazarme, no sentirme tan sola, ¿o independiente? ¿a caso la independencia no es más que soledad?
A veces me gustaría no ser tan fuerte, me gustaría rendirme, poder echarme a llorar y compadecerme de mí misma y de mi mala suerte, pero en cambio, respiro hondo, el vapor de agua inunda mis pulmones despejándolos y suspiro en busca de respuestas.
No me encuentro en el momento de tomar decisiones, no tengo caminos que escoger, sólo hay una manera pero no sé hacerla menos dura, menos dolorosa, menos tensa.
Tras varias canciones, cuando la cera de las velas se consume y el agua empieza a enfriarse respiro hondo una vez más, quizás no haya encontrado la forma, pero si la meta, esperemos llegar poco a poco, esperemos poder alcanzarla, o al menos no quedarnos sin el intento. Me levanto y una ducha fría elimina mis pensamientos, dibujo una nueva sonrisa y me enfrento a una nueva semana, llena de dudas, pero sin poder esconderme de ella.
Unas pocas sales buscan un buen olor que acompañe, un gel espumoso, y me sumergo poco a poco en mis problemas, en el agua caliente, en busca de soluciones.
Miro a una vela, veo como la luz tintinea, sumergo la cabeza en el agua y escucho la música a través de ésta, escucho las voces del público en el concierto y sonrío recordando aquel maravilloso día, un concierto inolvidable.
Olvido la música que suena y me paro en cada uno de mis problemas, de mis preocupaciones, de todas esas cosas que me impiden conciliar el sueño, que me hacen trasnochar y pasarme el día cansada, que me quitan el apetito o por el contrario me producen ansiedad que libero comiendo mucho más de lo normal.
Acaricio mis rodillas y busco abrazarme, no sentirme tan sola, ¿o independiente? ¿a caso la independencia no es más que soledad?
A veces me gustaría no ser tan fuerte, me gustaría rendirme, poder echarme a llorar y compadecerme de mí misma y de mi mala suerte, pero en cambio, respiro hondo, el vapor de agua inunda mis pulmones despejándolos y suspiro en busca de respuestas.
No me encuentro en el momento de tomar decisiones, no tengo caminos que escoger, sólo hay una manera pero no sé hacerla menos dura, menos dolorosa, menos tensa.
Tras varias canciones, cuando la cera de las velas se consume y el agua empieza a enfriarse respiro hondo una vez más, quizás no haya encontrado la forma, pero si la meta, esperemos llegar poco a poco, esperemos poder alcanzarla, o al menos no quedarnos sin el intento. Me levanto y una ducha fría elimina mis pensamientos, dibujo una nueva sonrisa y me enfrento a una nueva semana, llena de dudas, pero sin poder esconderme de ella.
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