No mires al coche, me repetía mi padre una y otra vez cada vez que me cruzaba con otro coche en la carretera. El comienzo era como siempre, solo que más tiempo, SE-30, puente del 5º centenario, atasco... camiones... autovía... durante algo más de una hora pude mantener una velocidad en torno a los 100 Km/h, suave, con tráfico pero sin cese. Música de fondo, flojito, la perra durmiendo, mi hermana, abuela y madre hablando... y mi padre conduciendo conmigo. Al rato se hacía aburrido pero disfrutaba de la velocidad, se hacía de noche, la tarde avanzaba y los kilómetros se quedaban bajo las ruedas del coche, yo al volante, mi primer viaje en coche, constante, lento, emocionante.
Cuando pasó ese tramo y sin tener en cuenta los kilómetros de autovía en obras, comenzó la carretera de montaña, ya bien entrada la noche, para ser las 7 y pico de la tarde, entonces empezaba lo bueno, los ojos empezaban a escocer, la respiración agitada y la tensión en mis manos, más concentrada que nunca a pesar de ir en 3ª a 70, pero hago caso de mi padre que tantos años a recorrido esta carretera.. pendiente del 8%, tramos de curvas, barrancos... camiones, tenía que verlo todo, controlarlo todo, freno, curva, acelerar... luces, largas, cortas, las de otros coches... No mires al coche me decía cada vez que me cruzaba con otro coche porque el instinto te lleva al centro de la carretera, mira al filo derecho de la carretera me decía. Largas, cortas, tras unos 15 minutos de trayecto le había cogido el tranquillo al asunto, largas, cortas, curva, largas... cambio de rasante... Lluvia, llegó la lluvia. ¿estás cansada? Un poco sí, nunca pensé que conducir llegase a ser tan agotador, notaba los ojos como si llevase horas frente al ordenador con las lentillas puestas, menos mal que llevaba las gafas y no las lentillas, pero bueno, estamos cerca, y soy fuerte, quiero hacerlo todo, aunque soy consciente y sabía que al mínimo agotamiento se lo diría.
Ya estamos cerca, conozco las curvas, las encinas, el camino, habré recorrido este trayecto tantas veces en mi vida que ni podría contarlos, desde que nací cada fin de semana veníamos al pueblo, con los años sólo algunos, hace año y medio que no venía, el tiempo, que pasa... las cosas cambian, tantas cosas que cambian.
Siempre me quejo de que no me dejan el coche por las noches, que no tengo libertad, siempre pidiendo permiso para todo... pero me alegro, me gusta ver cómo son las cosas, me gusta ver que a pesar de que a mis padres, a ninguno, les gusta conducir, a mí sí, después de este agotador viaje de carretera aún más, me gusta mucho más viajar al volante que detrás, además no me he mareado ni un poquito, qué gustazo... Me gusta aprender, y me gusta que sea mi padre quien me enseñe. Quizás no me gustarían tanto las matemáticas si no fuese por las de veces que me tuvo que explicar mi padre las fracciones en casa, o después de pasarme un tiempo repitiendo la tabla de multiplicar de cada número de cada matrícula de cada coche que nos tocaba delante cuando viajábamos... cómo cambian las cosas, ahora me enseña a conducir, me da seguridad, y me alegro de que fuese así, y me gusta conducir. No mires al coche, no lo olvidaré nunca.
0 comentarios